¿Ha bajado el rendimiento escolar de tu hijo? La visión podría estar influyendo
Cuando un niño empieza a rendir peor en clase, solemos pensar primero en la concentración, el cansancio, la motivación o los hábitos de estudio. Sin embargo, existe otro factor que también puede influir en su día a día escolar: su sistema visual.
Leer, copiar de la pizarra, utilizar pantallas, escribir o cambiar continuamente la mirada entre el cuaderno y la distancia exige un esfuerzo visual constante. Si el niño no ve con suficiente comodidad, algunas tareas pueden resultar más cansadas y requerir un esfuerzo mayor del necesario.
Ver bien también forma parte del aprendizaje
La visión está presente durante prácticamente toda la jornada escolar. Desde que el niño entra en clase hasta que termina los deberes en casa, necesita utilizarla de forma continua.
Leer un texto, distinguir lo que aparece escrito en la pizarra, copiar información, utilizar un ordenador o seguir una explicación son actividades que dependen, en mayor o menor medida, de una visión cómoda y eficaz.
Cuando alguna de estas tareas exige demasiado esfuerzo, el niño puede cansarse antes, perder la concentración o evitar determinadas actividades.
Una bajada del rendimiento no significa necesariamente un problema visual
El aprendizaje depende de muchos factores. Sin embargo, cuando el rendimiento baja sin una causa clara, revisar la visión puede ser una forma sencilla de descartar que exista alguna dificultad visual que esté entorpeciendo su aprendizaje.
Ver bien no es solo distinguir letras
Muchas veces asociamos una buena visión únicamente con poder leer correctamente las letras de un panel. Sin embargo, las necesidades visuales dentro del aula son mucho más amplias.
Durante una jornada escolar, un niño puede necesitar:
- Ver con claridad lo que aparece escrito en la pizarra.
- Leer textos durante periodos prolongados.
- Cambiar rápidamente la mirada entre lejos y cerca.
- Seguir líneas y párrafos sin perder el punto de lectura.
- Utilizar ordenadores, tablets y otros dispositivos.
- Mantener la atención visual durante varias horas.
- Copiar información de manera rápida y precisa.
Si alguna de estas tareas resulta incómoda o requiere demasiado esfuerzo, el niño puede desarrollar pequeñas estrategias para compensarlo sin ser consciente de ello.
Señales que pueden aparecer en casa o en clase
Los niños no siempre saben identificar cuándo están viendo con dificultad. En muchos casos se han acostumbrado a su manera de ver y consideran que es completamente normal.
Por eso, determinados comportamientos cotidianos pueden ayudarnos a detectar cuándo sería recomendable realizar una revisión visual.
El rendimiento escolar es otra señal que conviene observar
Si además de alguno de estos comportamientos aparece una bajada del rendimiento sin una explicación evidente, comprobar el estado de su sistema visual es imprescindible.
¿Cómo puede influir la visión en el rendimiento escolar?
Cuando ver correctamente requiere un esfuerzo adicional, es posible que el niño tenga que dedicar más atención de la necesaria a determinadas tareas.
Por ejemplo, si le cuesta distinguir lo que aparece en la pizarra, puede tardar más en copiar, perder información o necesitar preguntar constantemente a un compañero.
Si leer le resulta incómodo, puede cansarse antes, perder el punto por el que iba o intentar evitar la actividad.
Con el paso de las horas, este esfuerzo adicional puede traducirse en más cansancio, menor comodidad y mayor dificultad para mantener la concentración.
A veces lo que parece falta de concentración puede ser simplemente un niño haciendo más esfuerzo del necesario para ver y seguir una tarea.
La visión también cambia durante la etapa escolar
A medida que los niños crecen, sus necesidades visuales también cambian. Además, la exigencia escolar aumenta progresivamente.
No es lo mismo empezar a reconocer letras y palabras sencillas que pasar varias horas trabajando con libros, apuntes, pantallas y una pizarra situada a varios metros.
Por eso, las revisiones visuales periódicas pueden ayudar a comprobar que la visión sigue respondiendo correctamente a las necesidades actuales del niño.
Una graduación que era adecuada hace un tiempo puede haber cambiado. Revisar la visión permite comprobar si el niño sigue viendo con claridad y comodidad tanto de cerca como de lejos.
No hay que esperar a que diga que ve mal
Una de las razones por las que determinadas dificultades visuales pueden pasar desapercibidas es que el propio niño no siempre tiene una referencia con la que comparar su forma de ver.
Si siempre ha visto de una determinada manera, puede considerar que esa visión es completamente normal.
Por eso, además de preguntarle cómo ve, resulta útil observar cómo se coloca para leer, cuánto tarda en copiar, si necesita acercarse, si evita determinadas tareas o si termina especialmente cansado después de estudiar.
Una revisión visual puede ayudar a descartar dudas
Cuando existe una bajada del rendimiento escolar sin una causa clara, revisar la visión no significa asumir que el problema está necesariamente relacionado con los ojos.
Significa simplemente comprobar si existe alguna dificultad visual que pueda estar haciendo que determinadas tareas resulten más exigentes de lo necesario.
Una revisión permite valorar cómo ve el niño a diferentes distancias y comprobar si necesita alguna corrección o ajuste que le permita afrontar sus actividades escolares con mayor comodidad.
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En AudioVisión estamos especializados en optometría pediátrica y visión infantil y podemos valorar la visión de los más pequeños para comprobar si están viendo correctamente tanto de cerca como de lejos durante una etapa en la que la vista tiene un papel fundamental en su día a día.
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